sábado, 12 de abril de 2008

Violencia cotidiana

Elimar Bello T.

Reflexión realizada para la asignatura Violencia y Pantalla, Maestría en Tecnologías de la Información y de la Comunicación. UCV. (2006)


Miquel Rodrigo (2003) afirma que:
"La culturalidad de la violencia, supone constatar que las zonas de consenso, discenso y negociación no sólo varían en una misma sociedad a lo largo del tiempo sino que pueden variar también entre distintas sociedades coetáneas. De allí que diversos autores señalen que cada sociedad canaliza la conducta violenta de acuerdo con unos valores y unas pautas de comportamiento aceptadas socialmente" .
Vivimos en una sociedad fundamentalmente violenta, siendo ésta la razón por la cual no sólo somos capaces de aceptar y de convivir con la violencia sino que hasta podemos clasificarla a partir de nuestra cotidianidad y, por ende, ejemplificarla. El planteamiento de Miguel Rodrigo (2003) sobre el cual comentamos en este momento, nos permite afirmar que el paso del tiempo ha sido determinante en nuestra aceptación del incremento en los niveles de violencia, así cada año que pasa, las llamadas “cifras rojas” aumentan indefectiblemente, ya hablamos del “parte de guerra” del fin de semana y no nos sorprende ver un cadáver a plena luz del día en medio de la acera. Hasta hace algunos años, todavía nos sorprendía escuchar de personas que quedaban atrapadas en la línea de fuego entre dos bandas o los tiroteos nocturnos en ciertas zonas de la ciudad de Caracas, sin embargo, hoy en día, nuestro siempre flexible nivel de tolerancia, nos permite dormir mientras escuchamos los gritos de desesperación de alguna víctima del hampa, total lo importante es que dicha víctima no sea ningún familiar, amigo o conocido al cual apreciemos; es por ello que M. Rodrigo cuando señala que: “La culturalidad de la violencia, supone constatar que las zonas de consenso, discenso y negociación no sólo varían en una misma sociedad a lo largo del tiempo sino que pueden variar también entre distintas sociedades coetáneas”.
En efecto, en nuestro propio entorno es posible observar cómo algunas manifestaciones de la violencia son tolerables (y hasta socialmente excusables) y en otras resultan intolerables, un ejemplo de ello es la violencia de género, en las zonas rurales, aquellas en las que el conuco es la principal fuente de recursos económicos, es aceptable la violencia ejercida contra los parientes más cercanos: esposa e hijos, quienes de alguna manera aceptan malos tratos e irrespeto por parte del “pater familiae”, situación en la que nadie puede involucrarse porque “en pleitos de marido y mujer, nadie se debe meter”. La situación anteriormente descrita también puede observarse en las zonas más empobrecidas de las ciudades, realidad que el saber popular atribuye a la ignorancia en la cual pueden estar sumergidas las personas que forman esa familia. De ser cierto el último planteamiento, es decir que a mayor nivel educativo, existen menos probabilidades de vivir la violencia (en este caso intrafamiliar), tal situación sería intolerable si los protagonistas tuviesen, al menos, un título de profesionales, lo cual nos permitiría preguntarnos, ¿es más tolerable la violencia intrafamiliar cuando se tiene menor nivel educativo y socioeconómico?